CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

Antonio Lagos

ANTONIO LAGOS: LA ÚLTIMA ESTACIÓN

Leer la Última Estación del poeta linarense Antonio Lagos resulta gratificante, por la calidad de las figuras logradas en algunos de los pasajes de su obra. Contaminado como estoy de antipoesía y de poesía alternativa y de experimentaciones poéticas y del uso y abuso de la grosería poética y de la moda del garabato espontáneo, resulta grato- vuelvo a repetir- leer esta poesía pura, huidobriana a rabiar; porque nuestro poeta no puede negar su filiación a la escuela de Vicente Huidobro y su Creacionismo, el cual le fluye de manera natural y grácil. Al leer la Última Estación no puedo dejar de pensar en Altazor, en su vuelo celeste y en su caída libre, cual Ícaro que remonta las alturas y desciende deshecha la cera y revuelta las plumas.
El poema es un conjunto de doce partes, divididas en tres anuncios, ocho encuentros y un tiempo final, lo cual lo asemeja a una sinfonía poética, aunque en este caso de tono bélico. La Última Estación es una canto al siglo veinte, que irremediablemente nos ha dejado, es un canto de agonía, de denuncia al sistema imperialista, que se inicia con el Primer Anuncio: “Dos mil años contados uno a uno / dos mil años de ríos murmurando / dos mil años de volcanes aguardando / dos mil años bajo el manto del imperio / dos mil años de vida oficial / dos mil años de tierra sobre guerra”. La introducción nos da el tono que va a seguir el desarrollo del poema, nos prepara para un encuentro bélico o una batalla y se maneja en un tono anti-imperialista: “son sus bocas de lobo y fuego /... /viajan con la muerte sobre los desiertos / en las cruzadas del terror /.../ se pasea el dios arrogante / sobre los vestigios / en seis días de ingeniería cósmica” (Esos seis días cabalísticos del cristianismo que demoró Dios en construir el mundo, para descansar al séptimo). En el segundo anuncio se insiste en el fin del siglo veinte y sus devastadoras consecuencias: “Ha muerto en silencio / ahogado en su vómito de sangre”, habla de las víctimas del siglo, de los inocentes que cayeron, niños-fantasmas que deambulan con su muertes a cuestas. En el Tercer Anuncio se indica que nuevamente ha triunfado el imperio y que se inaugura un tercer milenio con el mundo en el dedo índice, girando según la voluntad del que la gobierna. Luego viene el Primer Encuentro: El hablante lírico anuncia la llegada de la Última Estación, la estación del silencio, habla como un pasajero, como un testigo de las circunstancial que se horroriza “Yo no he venido a quedarme / sólo he venido a caminar / sobre esta que no es mi guerra”, pero esta última estación, es también un refugio de la esperanza, pues en ella “bailan los jóvenes revolucionarios de América del sur”. El poema adquiere una actitud apelativa para referirse a los hermanos de la noche, que soterradamente preparan la revolución: “Hermanos de la noche, / sólo nos queda caminar el sendero que el antílope / en su inocencia nos depara./ Caminar la historia y su maraña encubierta /.../Caminar los gritos y su silencio espantoso / caminar la tumba / y su muerte inminente / caminar la cuerda floja / y su abismo seductor”. Esta precaución silente se vuelva más agónica y desesperada, se vuelve un huir finalmente de la figura de la muerte ”Pero la muerte me sigue y me persigue / sobre la calle polvorienta / con su actitud cadavérica y su guadaña glacial / La muerte / viene arrastrando muertos hasta el mar”. En el Segundo Encuentro se produce una tregua en la lucha, tregua propicia para las reflexiones sobre la vida y la muerte, el hablante lírico en su actitud apostrófica pregunta “¿Cómo prefieres vivir?/ ¿Cómo un niño en los brazos de la madre? / o ¿solo, como un tornado?/ Al fin. / Vivir para morir / en cualquier tarde de invierno / vivir con la conciencia tranquila / vivir de rodillas / mirando los zapatos del emperador”. En el Tercer Encuentro la voz del hablante lírico se vuelve nostálgica, dimensionando su propia muerte”Sólo el día que muera / andaré lejano, sencillo. / No me busquen en los libros / tengo el corazón abierto / inundado de tempestades / andenes y esperanzas /.../ No hay prisa / como una locomotora abandonada / una a una cayeron las banderas / rodaron como sueños de obrero /.../ Mi alma está flameando / en los mástiles / de la libertad cercenada”. En el Cuarto Encuentro El hablante lírico vuelve su mirada al combate y nos habla de su valentía y sutileza, “Entraré a caballo hasta los territorios ocupados / salvaje y victorioso /.../ iré subterráneo. / mi corazón es un piedra fría / arrojada al infinito”. Luego sigue un monólogo reflexivo notable en el cual la muerte aparece personificada y el poeta entra en un éxtasis lírico que va subiendo y ganando intensidad: “Va la muerte / va por el mar buscando el / sentido del horizonte final / desde los pechos de la madre / hasta la bestial soledad de los viejos / .../ por la vía láctea / amamantando / la pesadumbre / del eterno / canto / en el sueño de sus huesos/ la muerte que no alcanza / a conversar con nadie...” En el Quinto Encuentro se vislumbra la última estación como el espacio clandestino propio de los artistas y de los bohemios “Los pasajeros de boletos suspendidos / beben vino tinto, escriben / poesía y cuentan historias / guardadas en secretos archivos”. En el Sexto Encuentro se va cerrando el ciclo “Los dinosaurios han despertado / todo comenzará de nuevo/ la tormenta ha pasado / aún sigo en la Última Estación” En el Séptimo Encuentro se habla de la muerte de la luna y de repartición de herencias como hacían los antiguos guerreros con el botín de guerra, pero en este caso estamos hablando de un testamento de la humanidad: “A la hora de repartir las herencias / y los sueños de la luna / dejen para mí el mar / y todos los muertos / tragados por la desesperanza / dejen para mí el viento / y todas las hojas venideras / dejen para mí / la sal salvaje / de las olas”. En el Octavo Encuentro y El Tiempo Final el hablante lírico queda suspendido en el tiempo, como la oruga en espera de la metamorfosis, todo queda suspendido en un expectante “mejor tiempo”: “Mañana descansarán los árboles / y los trenes dormirán antes de fugarse / y el extremo de la luna dejará su pálida tristeza /.../ Otro día hablaré del tiempo/ de la vida, de las flores... lo prometo”