CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

La Divina Comedia

LA DIVINA COMEDIA

El temor y la imagen que guardamos de los tormentos del infierno viene, con toda seguridad, de la lectura de “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, en el cual se hace una clasificación pormenorizada de los pecados capitales y menores y de sus respectivos castigos. En la tardía Edad Media hace su aparición El Renacimiento italiano, que toma todos los modelos de la cultura griega clásica, con la idea, también clásica de Platón de la división que se hace del cuerpo y del alma, donde estos elementos, separados, ya no vuelven a constituir nunca más una unidad. El alma pertenecerá por siempre y para siempre al mundo perfecto y el cuerpo será sólo un reflejo o una sombra opaca de esa perfección. Esta idea es la que nos presenta el filósofo en su clásico mito de la caverna, en Los Diálogos.
El Renacimiento dio un vuelco violento en la manera de pensar del hombre, que trajo como resultado la aparición del “humanista”, abriéndole la perspectiva hacia otras formas de ordenar la realidad y la naturaleza y que lo puso como centro del universo, relegando a la divinidad a un segundo plano, el que hasta la Edad Media había sido indiscutidamente de nuestro creador, Dios, y de su omnipresencia, protectora y castigadora de sus criaturas y pese a que con la venida de Jesús se trató de suavizar esta visión trágica y cruel que aparece en el libro del antiguo testamento, donde Dios somete a sus profetas a grandes pruebas y todos le aman, pero le temen en demasía. La Edad Media mantuvo esta visión oscura y cruel del antiguo testamento, de la divinidad castigadora y manipuladora.
Esta imagen de un Dios castigador, de un infierno atroz, donde cada uno pagará en incómodos tormentos eternos sus faltas, según la gravedad, y que nos ha sido dibujada desde nuestra más tierna edad, y la cual maneja el subconsciente colectivo, se la debemos al escritor italiano Dante Alighieri y a su libro “La Divina Comedia”. En sus páginas el autor, que es a su vez el narrador y protagonista, hace un viaje al otro mundo, acompañado en distintas estaciones por los escritores clásicos de su predilección: Virgilio y por la mujer amada, distante e idealizada: “Beatriz”.
El título de Comedia, que puede llevar a una errada interpretación de la obra debe entenderse, como lo indicó el propio Dante: “Comedia es un género de narración poética caracterizado por lo triste de sus comienzo y lo feliz de su fin”. El libro consta de cien cantos divididos en tres partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. La nada despreciable suma de catorce años demoró Dante en escribir su obra cumbre.
En su periplo, el autor define el Infierno como un amplio abismo cónico dividido en nueve círculos, que abriéndose debajo de Jerusalén se internan hasta el centro de la tierra, donde se encuentra confinado Lucifer. En el primer círculo se encuentran los niños inocentes y personajes ilustres de la antigüedad, Aristóteles, Sócrates, entre otros. En el segundo círculo se encuentran los lujuriosos, los que por sus pecados han perdido el cuerpo y sus almas, convertidas en oscuras sombras son azotadas por vientos contrarios y guiadas a voluntad por ellos. Los condenados por gula están obligados a soportar eternamente una lluvia pestilente, densa y fría y las heridas lacerantes del cancerbero, perro de tres cabezas, que cuida la entrada al infierno. Los avaros están condenados a cargar con sus cuerpos grandes pesos y a golpearse unos a otros eternamente. Los soberbios, están condenados a vivir sumergidos en un pantano pestilente. Los herejes están condenados a ser sepultados en una tumba hacinadamente, unos sobre otros, porque no creen en la resurrección. Los tiranos permanecen hundidos hasta las cejas en un lago de sangre y vigilados por el gran Centauro. Los que pecaron de envidia pagan sus pecados convertidos en troncos y plantas silvestres que son atormentadas por las Arpías.
La idea del Purgatorio como una antesala del Paraíso, un lugar de tránsito y de purificación nacen también de este libro ejemplificador. En el Purgatorio también “blanquean las almas”, mediante tormentos temporales, tras los cuales se puede acceder al Paraíso
En fin, hay un castigo eterno para cada culpa, porque lo que se busca en el fondo es hacer un retrato muy vívido de lo que nos espera al final del camino. Aunque este libro fue escrito entre 1310 ó 1312 conservó y aún conserva una especie de valor de guía obligada o de referencia oficial de las penas del infierno y la verdad es que cada vez que se relee se disfruta, no solo de su contenido, sino que también de su estructura, que originalmente está escrita en verso, pero generalmente viene traducida en prosa, pero esta no le resta ningún mérito al clasicismo de su autor y a su magistral pluma.
No nos haría mal, no sólo a los adultos, sino que también a los jóvenes, el interesarnos por estos clásicos, que gradualmente han ido siendo tachados de fomes, latosos, aburridos, complicados y que se han ido marginando de todas las listas de libros, incluso de los obligatorios. Los clásicos son modelos: de buena expresión, de correcta escritura y de valores morales y éticos, pero en esta parafernalia moderna con sus luces, sus estridentismos y sus falsees, no tienen cabida y están destinados a sufrir las penas del infierno...
Un buen libro abre un camino hacia una nueva forma de experimentar la realidad, ensancha el horizonte, provoca una posibilidad de comentar su contenido, de enriquecer nuestra perspectiva de las cosas. En este caso, con Dante Alighieri, podemos apreciar la visión que tenía en los albores del Renacimiento del bien y del mal y que extendió su influencia por muchos siglos, siendo en algunos casos la visión “oficial” que sostenía la iglesia sobre el tema. De Dante surge el adjetivo “dantesco”, para referirse a situaciones en las cuales se expresan imágenes infernales o tormentosas.

JAIME GATICA JORQUERA
aliwen.man@gmail.com