CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

Reynaldo Lacamara

ESTA DELGADA LUZ DE TIERRA: REYNALDO LACAMARA.

El poeta Reynaldo Lacámara, nace en Santiago, vive una temporada en Buenos Aires y también fue residente en Linares. Poeta de connotada trayectoria literaria con publicaciones diversas entre las que se encuentran: “La mortaja azul” (2003), en coautoría con Fernando Lemuz; “Lota sobre la tierra” (2000); “Pasajes de otro año” (1997); “Huellas urbanas” (1989). Lacámara es actualmente el presidente de La Sociedad de Escritores de Chile.
El poeta estuvo en nuestra ciudad para la presentación de su último libro “Esta delgada luz de tierra”, un homenaje al poeta linarense y desaparecido Jorge Yánez Olave. Para su presentación también le acompañó Matías Rafide –catedràtico y escritor- y en poeta Gonzalo Contreras.
Si bien la poesía de Lacámara es de compromiso social y abarca temas universales como la injusticia, la explotación del hombre por el hombre y temas afines a la política, y a la reivindicación social, como es el caso de Lota sobre la tierra , en esta oportunidad el lirismo –muy acertado y muy trabajado- se ha impuesto por sobre la demanda social, con lo que el poemario ha ganado enormemente, pues algunos pasajes del libro son de un arrebatador compromiso con la belleza lírica.
El libro se divide en cinco partes o poemas: Memoria, el reconocimiento, la palabra, el poema, ciudad de la poesía. El homenaje cumple a cabalidad con la poesía, la que desborda la palabra para convertirse en imagen, en sensación, en insinuación sonora… A partir del título, que bien podría ser una antítesis, se podrían considerar también como un símbolo, una imagen o una metáfora del poeta desaparecido de la faz de la tierra y del cual nada corpóreo nos queda sino la sola “luz” de sus palabra hecha versos, la sola mención lumínica de sus recuerdo.
La composición del poemario es aparentemente sencilla, pero está llena de claves secretas, de acertadas conjugaciones líricas, las cuales parecen cobrar vida propia y ser en sí mismas estructuras que se podría leer por separado sin perder la armonía del conjunto. Nos recuerdan la singularidad del poema japonés “haiku”, el cual capta la instantánea del momento. Entonces el libro puede ser abierto en cualquier página, porque cada cuarteto o estrofa tiene una significación propia.
En la primera parte Memoria “yo no muero en ti / pero te cubro de esperas / sobre la hierba tumbada / tu rostro se apega cada vez más a mis huesos”. Este cuarteto de sonado lirismo es una forma de referirse al recuerdo, el cual va más allá de la epidermis, un recuerdo que cala hasta los huesos, un recuerdo que como una calaca sobrevive a la muerte. En el quinteto posterior se reafirma:”Traes el avance del olvido / esa luna derramándose en sombra / una imagen que me cuelga pesada / martillo inmóvil / en el silencio con que hablan los muertos”.
En El reconocimiento la voz de poeta se vuelca sobre los elementos: el mar, la tierra, la lluvia, para sentir la presencia del poeta desaparecido “En los caracoles te reconoceré, / en los tímpanos profundos de la tierra convertida / en procesiones de lenguas / que aguzan el sonido hasta la nada, / mientras los caracoles / se entregan lentos a su tierra.”
En La palabra se anuncia el inicio de la creación poética, del nacimiento del poema: “Vi una delgada luz / en la bruma detenida / y una ventana o una boca / sin arriba sin abajo sin nacimiento sin después. / Y en el abismo apenas / un delgado sonido / en la profunda espera de las tinieblas.”
En El poema se inicia el viaje hacia la conmemoración y exaltación del poeta a través del recuerdo: “Volverás del olvido despedido / a los nuevos oleajes / a las mareas de esta vida / a la crecida permanente. / Clepsidra de pétalo de coral, / nauta interminable, / manantial de nuestra vida.”
En Ciudad de la poesía el hablante lírico da sentido al conjunto de versos que conforman el poema y que dan el título: “Hay una delgada luz de tierra / que alumbra el nacimiento de un poema. / animal tenebroso / sorprendido por lo aparente / seguro en su cueva / en su antro de luz y sombra / dando una llama fuera de las horas, / como una estrella / que vive más allá de su tiempo. / Extendamos nuestra ciudad sobre esta delgada luz…”