CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

Tambien tengo sentimientos

TAMBIÉN TENGO SENTIMIENTOS... 

JAIME GATICA JORQUERA
CIRCULO LITERARIO ALIWEN. 
Diario "El Heraldo"

Frente al desmesurado e inconmensurable dramatismo que está tomando nuestra vida diaria, cabe preguntarse si seguimos siendo los mismos, porque después de todo, lo queramos o no, es la televisión la que dicta nuestra manera de ser... El chileno medio es un tipo medio sensiblón y medio blanducho, que aspira a mostrase tal como es y en el lugar que sea. A la primera oportunidad se empilucha, ya sea con un sospechoso fin artístico, ya sea para protestar por un motivo muy válido o medianamente válido; la cosa es demostrar que el chileno actual no es “cartucho”, que la mentalidad ahora es más liberal, más abierta, que podemos hablar de todo, que no nos sonrojamos frente a la palabra “poto”, porque ya forma parte de nuestro liberado lenguaje, de nuestra nueva forma de contactarnos piel a piel, “face to face”.
Hay una necesidad enfermiza de vomitar a los demás nuestras intimidades, vemos en la televisión como las estrellas más glamorosas disfrutan revelando sus secretos de alcoba, sus dramas intramaritales y todo salpicado y condimentados con las jugosas lágrimas, para no desmerecer la nota esencial de realismo posmodernista, previo pago de unos miserables y lacrimosos millones (para alivianar la triste realidad) . Es que somos muy sensibles y esa sensibilidad es una metáfora de la modernidad, la de conectarnos con nuestro ser femenino o puramente sensible: lloramos por todo, queremos que nos vean llorar, queremos mostrar nuestro lados líquido, nuestro lado flaco y también nuestro lado pilucho. Como dice la célebre frase, no sólo somos un rostro hermoso y un cuerpo perfecto, también tenemos sentimientos...
En alguna oportunidad se nos calificó como los ingleses de América, por nuestra sobriedad y nuestra flema, pero consuetudinariamente se nos enrostraba lo apocados y lo aburridos que éramos. De ese punto saltamos, sin puntos medios ni anestesia, al otro, al de payasos y liberados, al de las “perfomans” callejeras, al de los desnudos colectivos en pleno invierno, al de los cuerpos pintados groseramente , al del teatro extremo con escenas sexuales explícitas, en vivo... En fin, parece que el nuevo chileno medio es un ser que va derrochando lágrimas y piel por doquier, en un afán de mostrase tal y como es, con todas sus flácidas emociones; pero quienes llevan la nota más alta en esto son los jóvenes... ellos quieren ser tal cual son, naturales, libres, sensibles, ellos mismos... Otra generación, por supuesto que sí.
Si miramos bien nos daremos cuenta que los jóvenes quieren parecerse cada vez más a ellas, con su pelo largo y sedoso (tomado en una hermosa cola de caballo), con sus aretes en las orejas, y no sólo en las orejas, en cuanto pedazo de piel pueda soportarlo: en la nariz, los labios , el ombligo, las cejas, la lengua, los órganos sexuales... todo parece perforable; pero contradictoriamente, a esta capacidad para soportar el dolor físico se le opone la incapacidad de soportar el dolor emocional privadamente, todo el mundo debe enterarse de nuestras penas, por mínimas que sean. Pero el truco parece ser que esta pena sólo aflora a la luz de alguna cámara de televisión. El concepto es que la sensibilidad vende, que los telespectadores somos máquinas de consumir llanto, babas y lágrimas, que gozamos con el dolor ajeno ese dolor truculento que se acaba cuando se apaga el flash.
Esta televisión cebolla nos hace recordar aquella poesía sensiblera y sentimental, del pobrecito, del debilucho, del lugar común. Es el endiosamiento del ego, te doy lo mío, escúchame, óyeme , estoy aquí, éste soy yo, ésta es mi verdad , estos son mis sentimientos, mis tripas, mi corazón sangrante y desvelado, amé y no fui amado, se rieron de mí... bla, bla, bla...