CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

el septimo dia descanso

EL SÉPTIMO DÍA: “DESCANSO”

JAIME GATICA JORQUERA
CIRCULO LITERARIO ALIWEN
DIARIO EL HERALDO 

Desde los más remotos tiempos, desde los orígenes de la creación, desde que el mundo es mundo, se ha dado al séptimo día, sábado o domingo, según sea su creencia religiosa, una connotación sagrada, para dedicarlo a la contemplación, la oración, la familia y el descanso. Esa sagrada costumbre ha sido un deber entre los creyentes y un sagrado privilegio entre los no creyentes. Era común en tiempos más remotos detener toda clase de actividad en ese día, algunos llegaban incluso a privarse de un buen baño matinal o se abstenían de los impuros placeres de la carne a la que llama de cuando el cuerpo cuando hay algún relajo.
En este día el hombre suele levantarse más tarde que de costumbre, se toma su tiempo para leer el diario, con suplemento deportivo y dominical incluido. Para la gran mayoría el descanso dominical es la pausa necesario en una extensa jornada de trabajo, es el día en que nos ponemos más informales que de costumbre, en que los hijos visitan a los padres, las nueras a las suegras, en que se saca a pasear al perro, en que se lava el auto, en que las almas creyentes van a misa, en que los penitentes hacen una pausa y disfrutan de un buen vino chileno con los infaltables amigos y un jugoso asado... Glorioso día el domingo, sabiamente pensado para el descanso reparador; sin ese día, sin ese solo día, la vida sería un castigo eterno, una rutina insoportable, una carga que atentaría contra el equilibrio y la salud mental del ser humano.
Algunos inescrupulosos, algunos malos patriotas, han osado levantar su siniestra mano y sus malas intenciones contra tan honesto y sacro día, convirtiéndolo en un día comercial y vulgarizando su real destino que es el descanso. El comercio y principalmente las cadenas comerciales han traído con sus turnos de trabajo rotatorio una nueva semana laboral, en la cual no existe ni día domingo ni días feriados y con ello se pretende que el comercio no tenga respiro y que siga expendiendo y produciendo sus productos “ad infinitud”, sin ningún respeto ni por lo sacro ni por el vulgo. En Santiago se pretendió hacer lo mismo con el comercio tradicional, pero creo que no le dio resultado al creativo alcalde de las ideas populares, que va en auxilio de los marginales, el mismo que llevó el mar a la capital y como Moisés repartió el mar entre sus elegidos, el que obligó a la altiva nieve a bajar desde su altar inmaculado a los precipicios del bajo pueblo, para posarse en sus sencillos y mancillados pies, pero el bienamado, el “mesías” del pueblo, no pudo con el comercio tradicional, es que el día domingo –francamente- todos nos merecemos un descanso.
Incluso hay más, algunos parlamentarios, amigos de las ideas revolucionarias y enemigos del trabajo, sienten que no es suficiente el domingo y han querido instaurar como ceremonia institucional y complementaria de la extenuante jornada diaria, la siesta laboral, la cual sería de unos veinte minutos aproximadamente, y la que se daría en un horario posterior a la colación, como para hacer una buena sobremesa con la almohada. Esto porque, según los expertos, es el grito de la moda en Europa y los países industrializados, la que ha dado muy buenos resultados y ha incrementado la producción, ejemplo de ello es Japón, donde existen unas especies de nichos, con aire acondicionados e imágenes que inducen al descanso. Para otros más informados, ésta no es otra cosa que exigencia del tratado de libre comercio y que no va de acuerdo con nuestras costumbres y tradiciones laborales, porque donde se había visto que nos quedáramos dormidos en el trabajo, que dormir en el trabajo fuera un derecho constitucional... En fin, opositores y detractores se lo toman con calma, pero mientras los parlamentarios elegidos por el pueblo, se preocupan de tomar decisiones que son fundamentales para la buena marcha del país y para solucionar las desigualdades sociales, porque ricos y pobres tenemos derecho a veinte minutos de siesta, por livianos que tengamos el sueño y mientras se decide en forma perentoria y definitiva esta sabática ley, debemos abogar por que se siga respetando por último el “santo domingo”, día del señor, la señora y los hijos.