CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

Jorge Olate Pincheira

JORGE OLATE PINCHEIRA: REVELADO CONTRA EL TIEMPO

Jorge Olate es un poeta de nuestra ciudad nacido en 1957, actualmente es Jefe de Gabinete de la Gobernación de Linares. Su obra poética aparece en La Mortaja Azul, publicada en 2003 bajo en título de Tiempo revelado o revelado contra en tiempo, juego de palabras que guarda alguna relación vaga con el conjunto general de poemas, el cual hace alusión a los pueblos originarios, a la genialidad de Dalí, al transcurso implacable del tiempo metafórico y de la muerte. En torno a esos ejes fundamentales gira la creación de Olate, la que tiene un sabor telúrico, de enraizamiento a la tierra, de homenaje a los antepasados prehispánicos. De su poesía dirá Reynaldo Lacámara: ”Sabe como hacer estallar imágenes de las palabras, hay poesía detrás de la poesía, algo que se nos estaba olvidando. Ahora sé que ha sido antologado en España, merecimientos hay de sobra”.
La poesía de Olate es irregular en cuanto a su estructura, es ecléctica, a simple vista no podemos discernir una línea recta. Se mueve por diferentes vertientes de la creación lírica. En el poema titulado Yemaya, tiene el tono de la poesía indigenista, caribeña, de César Vallejo, algo del realismo mágico tan latinoamericano o mejor aún centro americano, del trópico, de esa poesía afro-americana: “Danza la rumba / de la flama a la ceniza / bailan tus pies candomberos / cascabeles de oro y risas / al ritmo de otras orichas (deidades) / embriagado en sus pecados / suena el tambor hechizado / rumba, macumba / del pueblo / con alma de Orfeo negro. / Plebeya la zarabanda /con sus caderas de viento / se despide de la fiesta / con ritmo afrocubano / va retorciendo el cuerpo / con sus sonoros movimientos / que son gritos de alegría / para despertar al pueblo”. En Canción de invierno una nota existencial y nostálgica atraviesa transversalmente el poema, el cual se construye con imágenes oníricas y logrados recursos estilísticos, principalmente metáforas y personificaciones, las que le dan vida. El poema es circular, se inicia con la figura medieval del alquimista, personaje que podía convertir los metales en oro, de la misma manera como el hombre – en el laboratorio onírico, el nuevo alquimista - puede convertir imágenes en sueño, pero si el alquimista convierte metales innobles en metales nobles, de esa misma manera el hombre puede transformar imágenes de la nada y del vacío en imágenes gratificantes y estimuladoras, creada a la medida. “El alquimista de los sueños / construye una canción de invierno / mientras en el cielo / se enhebran las estrellas / solitaria ala hora del crepúsculo / contempla la ciudad / desde las grietas del cielo / en la tierra profundamente / duermen los vientos / un viejo árbol del jardín / deja caer una gélida gota / que es el destello de la nada y el vacío / en el laboratorio de los sueños / un hombre construye una canción de invierno”. En el poema Amerindio el autor adquiere la solemnidad nerudiana de Canto General, es la voz grandilocuente que mesiánicamente asume sobre su espalda el dolor, el destino y el sometimiento del pueblo precolombino para redimirlo. Lo cual no es una responsabilidad menor: “Pupila celestial / llanto de trigo y / trueno / más allá del oro/ suspendido en / las cadenas / piedra viva / blanca dentadura de la / tierra / ancestral bitácora / precolombina / bajad del monte con tu ruido / de ocarinas / mostradme el arte de los números / mantenedme despierto / en las fugas de las / cosas / sin fugacidad / América morena / eterna, perpetua / con origen y destino / con puñal furioso / y siempre sometida”. En el poema La muerte se puede apreciar claramente una visión vacía de la trascendencia, la muerte en el poeta es un punto final, el olvido, no hay una visión trascendente o cristiana. Es una última estación no deseada, despreciada. La frase “azufre enmohecido” da cuenta de esta visión corrosiva, pestilente, material, inmanente de la muerte: “Al instante de partir la noche / detrás de cristales / empañados / pasa la muerte con su oscuro manto / sin disculpas / sin arrepentimientos / ahuyentando los latidos / de la váscula / con los párpados dormidos / cerrando las compuertas de los sueños. / La muerte / ¡Oh! Caricia de los desconocido / vienes a mí con tu cabellera / de azufre enmohecido / en el temblor lentamente inclinas el rostro / y te hago un gesto de desprecio / mientras golpeas nueve veces / la sinfonía del olvido”. Es recurrente en el poeta la utilización de la personificación como recurso poético y de algunos símbolos ya establecidos o cabalísticos en otros casos.




JAIME GATICA JORQUERA
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