CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

Raquel Parada

RAQUEL PARADA: ANTÍDOTO

Raquel Parada Reyes, es una escritora y poetisa que nace en la ciudad de Linares, donde realiza sus estudios primarios y secundarios. Se traslada a Santiago para estudiar Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica y Licenciatura en Educación para la salud en la Universidad de Chile.
Aparece publicada por primera vez en el Taller Literario Antonio Acevedo Hernández, en el libro Narrativa y poesía de los miércoles,1992; Su primer libro de poemas lleva por título Adviento, 1993; Antídoto, 1997, es su segundo libro de poesía; en 2001 publico el libro Crónicas de día claro. En opinión de Matías Rafide: “Estas Crónicas de día claro, de Raquel Parada Reyes, emocionan y se leen con interés. Están dotadas de un lenguaje coloquial, espontáneo. Poseen en ocasiones cierto lirismo diáfano y candoroso. Podríamos definirlas como vitrales de la vida que la memoria atesora con calidez y amorosa complacencia”.
En Antídoto, su segundo libro de poesía, – Según Miguel Reyes- “Incursiona en ámbitos de la inmediatez concreta y del sentimiento, como asimismo se interna en los espacios donde la esperanza tiene como único apoyo la fe”. El poemario se divide en cuatro partes o etapas: De ayer, Ciudad abierta, Al pasar, En Calma. En la primer parte –Ayer- el hablante lírico en imágenes sencillas y llenas de recuerdos entrañables siente la nostalgia de la infancia y de la ciudad natal ,Linares, la tierra, los trenes oxidados en una estación enmohecida, las comidas de la infancia y el cariño de una madre. En el poema Como el paso del agua, que está dedicado a la ciudad de Linares y a la infancia se recrea toda una atmósfera llena de significados, que como el paso del agua en un río siendo igual jamás es la misma, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. Como el paso del agua: “Tierra de lejanías azuladas, / de secretos y ausencias / límite vegetal de sombra y cielo / donde todo es distinto / hasta el sabor del sueño. / Tienes olor a infancia detenida / a cristales de hielo quebradizos. / el rastro de tus días recurrentes / como el paso del agua, / fue dejando sus huellas. / Un tributo a este tiempo que contemplo / en mis manos inquietas, / sudario de caminos recorridos / contra todos los vientos / tierra de lejanías azuladas / no eres masa de olvido”. En su segunda parte, Ciudad abierta, un hálito vital envuelve el lirismo de la poetisa y la hace una defensa de lo urbano, se declara habitante y defensora de la ciudad, con todas las imperfecciones, enfermedades o vicios que esta pueda tener. La ciudad debe ser habitada, debe ser querida y amada. Así lo expresa en su poema antídoto: “Estar en onda, / no sé, / estar de actualidad, / es odiar la ciudad que nos soporta, / muros que nos recorren día a día, /en cada punto cardinal de nuestras células. / Estoy al filo de la noche, / inquieta, / y bien, estoy aquí, preocupada: / sangre burguesa se escurre en mis arterias, / amo lo ciudadano y el asfalto / las luces de mercurio que , inspiradas,/ dibujan con trazos la silueta perfecta de los árboles. / disfruto variedad y colorido / la ordenada extensión de “supermarket” / sedentaria en mi huerto los domingos, / nómade, trashumante / en la semana...” En la tercera parte del libro, Al pasar, se entregan “instantáneas”, miradas del hablante lírico sobre las cosas, los artefactos y las personas, en un poesía melódica, rítmica, grácil, de sonora lectura. En el poema Servilletas de papel captura la fugacidad temporal, la brevedad, que simboliza el paso del tiempo sobre los objetos y cual más o cual menos sobre los seres humanos: “Paradigmas de un tiempo / donde hasta el sol se apura / y la prisa es la reina de una fiesta sin fin. / En tu piel de azucena llevas flores silvestres / y la huella de un beso / marca tu porvenir /.../ Es tan breve tu paso / mariposa de un día / solidaria presencia, te crearon hermosa / cumpliste tu tarea, ajado tu vestido / mañana dormirás, como todas las cosas”. En la cuarta parte del libro , En calma, como lo indica el rotulo, el hablante lírico siente la plenitud de su ser en los detalles que la rodean, es la satisfacción de encontrase al final del camino sintiendo que las cosas se han hecho como correspondían. Plenitud: “ Tengo los labios plenos de sabores amables / de palabra oportuna / de cimas conquistadas / llenos de logros perseguidos, / de amores de ida y vuelta / y cartas con respuesta...” En su poema En calma dirá: Se van cerrando a prisa los minutos / de la corriente interna y el paso acelerado; / voy llenando los ojos, seleccionando voces, / recogiendo sabores, / haciendo el inventario de la amistad sembrada...”





Jaime Gatica Jorquera
Círculo literario Aliwen