CÍRCULO LITERARIO ALIWEN
ESCRITORES MAULINOS

Juan Ignacio Molina

JUAN IGNACIO MOLINA (1740-1829)

Juan Ignacio Molina, científico, naturalista, geólogo, botánico, astrónomo, filósofo y sacerdote, nace en Huaraculén, lugar cercano a Villa Alegre, al sur del río Mule, el 20 de julio de 1740.
Cursa sus estudios en Talca, Concepción y Bucalemu, ingresando a la Compañía de Jesús el 12 de noviembre de 1755.
Desde niño coleccionaba plantas pájaros y piedras, llevando un cuaderno de apuntes sobre todo lo que veía.
Más tarde viajó a santiago a continuar su educación. Desempeñaba al mismo tiempo el cargo de bibliotecario del convento. En 1767 debe salir del país con motivo de la expulsión de los jesuitas, según cédula real del Rey Carlos III.
A la pena de tener que abandonar a los suyos, el abate Molina añade otro sufrimiento más, ya que en Valparaíso, poco antes de embarcarse le arrebatan sus cuadernos y escritos.
En 1774 fija su residencia fija en Bolonia, Italia, ciudad en la cual vivió el resto de su vida dedicado por entero a los estudios humanistas y científicos y a la enseñanza, en cuya universidad ejerció un alto magisterio. El abate Molina fue el primer científico que investigo la naturaleza en toda su amplitud: registró nuestras plantas, árboles, pájaros, insectos, animales, etc. Estudió además la geografía, el clima y las características del país, como asimismo relató la historia de Chile hasta sus días.
En 1810, al saber la noticia de la Declaración de la Independencia, anhela volver a Chile. “Dios me conceda esta gracia que desde que salí de allí siempre he deseado”- confiesa en una de sus cartas.
Pero pasaron los años y no pudo regresar. Sus amigos le rogaron que no expusiera su vida –ya octogenario- a los rigores de un larga travesía marítima.
Destinó parte importante de sus bienes para la fundación de un Instituto Literario, que con el nombre de Liceo inició sus actividades educacionales en Talca, en 1827.
A medida que pasaban los años y su salud se va haciendo más delicada , experimenta un deseo imperioso de retornar a Chile, pero fallece el 12 de septiembre de 1829.
La ciudad de Bolonia le ha erigido un busto en los claustros de la Universidad.
El Abate Molina expuso teorías científicas absolutamente nuevas y audaces, al sostener por ejemplo la vitalidad de la materia inerte y de la sensibilidad de ciertos metales. Sufrió por lo mismo dificultades y hostigamiento. Su discípulo Ranzani, censor de la Universidad de Bolonia, sostuvo que ambas teorías eran heréticas, por lo cual fue suspendido de la docencia y del sacerdocio. Tal castigo duró, felizmente, poco tiempo, ya que fue absuelto por las autoridades eclesiásticas.
Molina afirma que “todas las naciones, sean americanas, europeas o asiáticas, han sido semejantísimas en el estado salvaje, del cual ninguna ha tenido el privilegio de eximirse”. Se adelantó a sus contemporáneos incluso en las concepciones antropológicas.
Escribió sus obras en italiano, siendo traducidas al español y a los principales idiomas europeos. Ellas revelan no sólo al científico, sino también al erudito y versado humanista conocedor del griego, latín, francés e italiano y de la literatura clásica.
Fue también poeta que versificó en latín sobre temas de la naturaleza y el río Maule.

OBRAS:
Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile. 1776.
Ensayo sobre la historia natural de Chile. 1782.
Memorias.

REFERNCIAS:
Chacón del Campo Julio: La provincia de Linares. 1929.
Dussel, Francisco: Literatura Chilena (del siglo XV al XIX). Stgo.. 1959.
Jiménez Berguecio, Julio: Juan Ignacio Molina, talquino de cuna y alma. Anales de la facultad de Teología de la U.C. Sgto. 1979.
Silva Castro, Raúl: Panorama Literario de Chile. Ed. Universitaria. Stgo. 1961.
Szmulewicz, Efraín: Diccionario de la Literatura Chilena. Stgo.1977.